una dirección que entiende a quién tiene delante, no solo lo que tiene que dirigir.

Cada agrupación exige una forma distinta de trabajar: por edad, experiencia, carisma, contexto y equilibrio entre lo pedagógico y lo artístico.

01.

No existe un único director

La profesión de director aglutina una serie de perfiles bastante variados. Considero que todos ellos son válidos y, de una manera u otra, necesarios.

Hay agrupaciones que requieren un perfil específico en función de su franja de edad, experiencia, carisma, dotes comunicativas, manera de trabajar, distribución de ensayos-conciertos, equilibrio en lo pedagógico y artístico y un gran etcétera.

02.

Identidad y método

Todos los directores tenemos una proporción distinta en estos aspectos, lo que resulta en nuestra identidad.

Esta identidad no es —o al menos no debería ser— inmutable, ya que el devenir de la vida, la experiencia, las vivencias y muchas cosas circunstanciales llevan a que modifiques en mayor o menor medida esta personalidad como director.

03.

Dirigir simultáneamente varias agrupaciones —algo muy común en directores nacidos en los 80-90 y menos habitual en los nacidos en los 60-70— obliga a ser más bien camaleónico: no todas las agrupaciones requieren el mismo enfoque y método de trabajo.

04.

Lo que ve el gran público

Una vez puesto en la mesa este contexto, quería poner en relieve que para el gran público no existe esta división de perfiles.

Cuando hablo de “gran público” me refiero a quien no tiene ningún tipo de contacto con músicos, de cualquier nivel, ni como amistades ni como familiares. Esto deriva en una asistencia muy baja a conciertos y en una visión bastante simplificada.

Orquesta

Para muchos, una orquesta sigue siendo “la de Viena”. Una imagen reconocible, pero demasiado estrecha.

Banda

Una banda se reduce a menudo a “la que toca en Fallas”, cuando su realidad musical es mucho más amplia.

Coro

Un coro queda asociado a “lo de la parroquia”, otra simplificación que condiciona la percepción pública.

05.

Esto no es incorrecto, pero tiene un claro sesgo. Entonces aparecen las típicas preguntas de “¿para qué sirve el director?”, “pero tú no haces nada”, “los músicos ya tienen partitura y ya saben qué tienen que hacer”. 

06.

La enseñanza de la dirección

La educación musical general no ayuda. Los medios de comunicación tampoco, y aunque duela decirlo, el Conservatorio no se queda atrás.
En Europa, en términos generales, la enseñanza de la dirección se focaliza en agrupaciones profesionales, normalmente con repertorio sinfónico del siglo XIX.

 

Se trabaja desde una técnica de ensayo que presupone que el músico no tiene trabas técnicas y desde una técnica de dirección ampliamente estética y musical que no perturba el flujo musical.

 

En Estados Unidos, por su parte, la enseñanza de la dirección toma un cariz mucho más orientado a agrupaciones escolares. Allí los estudios musicales instrumentales son, casi siempre, en grupo: la banda es la clase de instrumento.

De esta manera, el director es un profesor versado en muchísimas cosas, con un manejo del ensayo puramente pedagógico y una técnica de dirección clara, a veces excesivamente, que sirve más como orientación que como inspiración.

07.

La figura del maestro-director

Al final, la virtud está en el medio. O al menos eso pienso yo.

Los mayores de las bandas, que son fuente de sabiduría y experiencias —pero a veces un poco intransigentes con los cambios— hablan siempre de la figura del maestro-director.

Admiro enormemente a aquellos maestros que llegaban a una población y tomaban las riendas de toda una Sociedad Musical dando clases de solfeo —sí, dije solfeo y no lenguaje musical, eso otro día—, instrumento, ensayos y muchísimas más cosas.

Hoy en día hay que apostar por una enseñanza con especialistas. Hemos evolucionado y debemos adaptar todos los medios didácticos a los nuevos tiempos.

Tras años de trabajo constante, profesores diversos y muchos conciertos —afortunadamente— yo ya he decidido qué director quiero ser. ¿Y tú?

¿Qué director quieres ser?

La dirección musical no se define solo desde la técnica, sino desde la responsabilidad con cada agrupación, cada contexto y cada proceso de aprendizaje.

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