En el ámbito de la música de banda existe una serie de autoridades en el conocimiento del repertorio que conviene tener muy en cuenta: José Rafael Pascual Vilaplana, Felix Hauswirth, Andrea Loss, Miguel Etchegoncelay y Timothy Reynish.
Es cierto que hay muchas más personas con un bagaje enorme en literatura original para banda pero, a nivel personal, señalo a las anteriores como figuras clave en esta materia.
Hay quien considera que yo mismo soy una autoridad. No lo soy; ni mucho menos estoy a la altura de los maestros que he mencionado (y no es falsa modestia, creedme). Lo que sí puedo aseguraros con total honestidad es que no existen atajos para conocer el repertorio.
Pero antes debemos hacer un breve recorrido por cómo ha cambiado el paradigma de la música para banda, especialmente en España y la Comunitat Valenciana.
Situémonos tras la Guerra Civil, período en el que la mayoría de las sociedades musicales se recomponen, crean o fusionan. Durante muchísimos años, la música original para banda era aquella que cumplía una función social, festiva o protocolaria: pasodobles, marchas de todo tipo e himnos. Los compositores españoles (y a quienes se interpretaba en las bandas) mantenían un estilo costumbrista y nacionalista; Julio Gómez, Manuel Palau o Asins Arbó son grandes ejemplos.
El resto de obras que configuraban los programas eran, en su gran mayoría, transcripciones del canon orquestal sinfónico del siglo XIX o zarzuela. Es justo poner en valor lo mucho y bien que han hecho las bandas por nuestro género lírico más relevante (aunque de esto hablaremos en otra ocasión, al igual que de la influencia del canon orquestal en los planes de estudio y las mentalidades).
Hacia los años 70, con el auge de las editoriales neerlandesas, llegaron los primeros arreglos de bandas sonoras, música ligera extranjera y obras que empezaban a explotar la banda en otras dimensiones. Sirvan como ejemplo compositores como Kees Vlak, Pi Scheffer o Henk van Lijnschooten. Era una música asequible, atractiva y novedosa tanto para los músicos como para el público. La contrapartida es que en una misma tarde de certamen en la plaza de toros de Valencia podías escuchar cinco veces Music for a Movie Picture; siempre hemos sido muy de modas.
Quienes crecimos en una banda desde los años 90 vivimos una etapa de transición en la que era habitual ir a un festival en el pueblo vecino y ver programadas juntas La gazza ladra y Oregon (los 90 fueron una época extraña, en efecto).
A partir de los 2000, con la consolidación de compositores valencianos que abandonan el nacionalismo para acercarse a lenguajes más próximos al cine de los 80 y 90, la transcripción se va sustituyendo paulatinamente por obra original. Un repertorio que además ya se concibe bajo el régimen editorial de grados de dificultad, aportando música para todos los niveles y objetivos.
La transcripción deja paso a repertorio pensado para banda.
El repertorio se organiza por niveles, con música para cada objetivo.
Los compositores valencianos se acercan a sonoridades cercanas al cine.
El maestro Ferrer Ferran afirmaba, con acierto, que el éxito de un concierto depende de su programa.
¿En qué punto nos encontramos hoy? Cada banda y cada director hace lo que considera oportuno —faltaría más— y existe un tejido cultural heterogéneo. No critico ninguna opción: tan válido es competir cada dos años en un certamen como no hacerlo nunca, o limitarse a los actos de calle frente a abordar estrenos y grabaciones. Todos los proyectos deben existir y entre todos damos sentido al entramado bandístico.
Retomando la cuestión inicial: no hay atajos. Programar es una parte vital del trabajo del director
(cada año que pasa pienso que la más importante) y debemos asumir que entra dentro de nuestro sueldo. El maestro Ferrer Ferran afirmaba, con mucho acierto, que el éxito de un concierto depende de su programa. Esto implica calibrar la dificultad, los ensayos disponibles, la temática, la fecha en el calendario o la vinculación con festividades locales.
Por todo ello, hay que invertir tiempo en investigar. A diferencia de los directores de hace 40 años, hoy contamos con internet, inteligencia artificial, YouTube, Spotify, redes sociales, retransmisiones de certámenes y las publicaciones de la ASCAP o la WASBE. Estamos conectados con bandas de todo el mundo que comparten semanalmente lo que interpretan y estrenan.
Con todas estas herramientas al alcance, ampliar horizontes es una decisión. Me interesa cómo lo vives tú. Te leo en los comentarios.
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Buenas tardes, excelente artículo al igual que los anteriores que has publicado Borja. Parafraseando al maestro Ferrer ,si el éxito de un concierto depende del programa, yo añadiría: el éxito de una banda, de su lucimiento y de su crecimiento artístico, está en elaborar cada programa pensándolo en exclusiva para una banda concreta y una ocasión exacta. Pensando en su orgánico, en su nivel, en sus fortalezas y debilidades. Rara vez el mismo programa casa a la perfección en dos bandas, aún siendo estas de similar nivel, da igual profesionales o amateurs.
Muchísimas gracias José por tu comentario. Te espero en más ocasiones por aquí, como siempre, arrojando luz sobre el panorama bandístico.