Pero hay cosas que han llegado a un extremo que requieren una intervención
directa. Y por incómodo que resulte hablar de algo tan ligado a mi propio
mundo, creo que ha llegado el momento de hacerlo.
Probablemente haya gente que piense que así todo está bien. Pero no, no lo está: la situación es crítica. Me refiero a las bandas de música en la calle,
y no solo a las Fallas, donde por volumen esto es más notorio, sino a prácticamente todas las manifestaciones musicales que implican bandas en la calle: Semana Santa, Moros y Cristianos, fiestas patronales y un largo (y glorioso) etcétera.
Entiendo que haya gente que quiera y necesite ganar dinero tocando por la calle. Prácticamente todos los que nos hemos criado en una banda lo hemos hecho, y me parece una manera digna y necesaria de contribuir a las festividades, nuestra identidad y nuestro patrimonio.
Como espectador y como músico profesional que de vez en cuando participa la música en la calle, la situación es insostenible. Y digo insostenible porque se están normalizando casos que me parecen una absoluta aberración.
Grupos con un número insuficiente de músicos, escasa formación y preparación de la gran mayoría de los mismos, arreglos de temas de pop-rock hechos pésimamente, interpretación de pasodobles de la peor manera posible, introducción de marchas de procesión/moras/cristianas compuestas por personas sin formación necesaria ni dominio de la instrumentación específica para banda, megáfonos que solo añaden decibelios y letras soeces a la ecuación, cero respeto por la uniformidad…
Yo no tengo la solución a estas cuestiones, como tampoco la tengo para aquellas que derivan del título de este artículo.En ningún caso digo que haya que ser profesional para tocar en la calle.
Pero se requieren unos mínimos.
Quede claro que deseo que la protección laboral al músico sea total, como debería ser en cualquier actividad laboral. Sabemos que esto dista realmente de ser así por su complejidad en unos casos y por la dejadez de ciertas personas en otros. Además, ¿cómo incluimos en este mercado laboral de manera paulatina a los menores de edad? ¿Es necesario que sus progenitores o tutores legales añadan un pagador a su renta para que su hijo/a ingrese unos “eurillos” que se ha ganado honradamente y con toda la ilusión y el esfuerzo posibles?
Hay varios «peros»: si ese dinero está regulado, si la cotización es la
correcta, si se tienen en cuenta las retribuciones a los compositores y las
condiciones laborales de los músicos. Aspectos que deberían estar legislados
y sistematizados.
Pero lo que más me preocupa es otro: usar la maquinaria de las Sociedades Musicales para formarte un poco —recalco lo de un poco— y enseguida derivar ese aprendizaje hacia prácticas musicales (si se puede emplear esa palabra) que reportan dinero rápido, de regularidad dudosa y a costa de tus propios derechos como trabajador/a.
Lo único que hace es perder recursos humanos y perder su objetivo principal, que no es otro que nutrir las bandas de nuevos músicos que quieran disfrutar de la música de muchas maneras, pero siempre con corazón y abogando por las buenas prácticas musicales (al nivel que sea).
El músico de calle merece la misma protección que cualquier trabajador.
Tocar en la calle es digno; hacerlo sin unos mínimos, no.
Su función es nutrir las bandas, no perder músicos por el camino.
Repito, yo no tengo la solución. En el pasado congreso de música en Fallas, en marzo, personas competentes y cualificadas dieron con todas las claves y se las transmitieron a los que toman las decisiones.
Pero a la postre todos señalamos el problema y luego miramos hacia otro lado.
Cada vez escuchamos más eso de "me han dicho que te diga". Pero nadie decimos nada.
Este debate nos afecta a músicos, directores y a todos los que disfrutan de
la música en la calle. Me interesa tu perspectiva, estés de acuerdo o no.
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Toda la razón maestro.
Muchas gracias por tu comentario.
Creo que es necesario abrir este melón y concienciar a todo el mundo de la situación actual de la música en la calle. Creo que hay que valorar la educación musical recibida sin llegar a explotar el músico y sin aprovecharse de ellos
Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Espero tenerte por aquí en posteriores artículos.
Es triste tener que explicarlo, porque parecen obviedades.
No cambiaría ni una coma. Las bandas en la calle se han desvirtuado tanto que, a veces, son de vergüenza ajena. La uniformidad, el repertorio, la interpretación, todo es importante. También el compromiso de los músicos, no puede ser que una banda cuente con 60 músicos y para determinados momentos no sean ni 15, por poner un ejemplo.